El destino no perdona

Críticas condiciones en que estamos viviendo, compartiendo unos con otros la zozobra constante de correr el riesgo de perder la vida o de pasar a formar parte de la estadística de secuestrados, asaltados, heridos por haber tenido la desgracia de quedar en medio de un fuego cruzado; quienes generan esta espiral de violencia debieran pensar en que al día siguiente de que dejen sus cargos dentro del gobierno los cuales les permiten permanecer lejos del peligro del ciudadano común, pasarán a formar parte de todos los que nos jugamos el pellejo a cada momento por el hecho de vivir en un lugar donde reina la anarquía fomentada desde el gobierno.

¿Se imaginan distinguidos personajes, amanecer y no tener asistentes alrededor dispuestos a dar la vida por uno; no contar con escoltas fuertemente armados a quienes les paga el estado su trabajo de proteger la vida de los distinguidos miembros del selecto grupo de miembros del gabinete; no tener el montón de servidumbre que hoy los baña, los viste, les prepara los alimentos que consumen; qué se sentirá salir de casa y no tener más que un chofer (en ocasiones ninguno) que le abra la puerta del carro y le pregunte; dónde lo llevo señor?.

Lo más grave, convertirse de un día para otro en codiciado blanco de los miembros de la delincuencia quienes querrán arrebatarle todo lo que posee a punta de pistola. Sí usted, o ustedes serán los más buscados por esos delincuentes que hoy no se les acercan porque están en su lista de “intocables” y por lo mismo al día siguiente de dejar el cargo tendrán que salir huyendo con todo y familia lejos de aquí, de Xalapa donde los conocen y saben que apenas hace seis años eran personas que vivían con modestia y hoy, después de un sexenio de atracos, corruptelas y negocios turbios, se han convertido en apetecibles millonarios.

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