Esa pérgola no es una reparación, sino una intervención arbitraria | COLABORACIÓN de Laura Haddad

 

Los gobiernos de MORENA ha demostrado adolecer de tener sensibilidad por las cuestiones referentes al rubro de cultura, y no tanto por carecer de recursos humanos porque tienen a gente capaz en el área, si no en los modos.

A nivel nacional, las críticas son constantes desde el inicio de la administración, lo favorable de esto es que se ha abierto el debate en algo que antes, a poca gente le parecía interesar pues se abordaban desde un coto muy cerrado en el que pocas voces tenían la palabra y eran menos las que opinaban.

En lo local y más específicamente en la administración municipal, no salen de una para meterse en otra…

Hace meses fue la blanqueada y desaparición del mural “Fábulas vegetales” que se ubicaba en el viaducto de la ciudad, el cual gustará o no, fuese también producto de una mera ocurrencia de una alcaldesa pasada con fines no tan nobles y sí para disuadir la protesta social, era ya parte del acervo artístico de la ciudad en un espacio público, estaba ya en el imaginario de la gente como una apropiación y bien cultural, y tenía autores que no fueron notificados –ni si quiera como un gesto de mera cortesía- con anterioridad a tal acción.

Un día, la obra de Lucía Prudencio ya no estaba y con ello también muchas intervenciones que surgieron con esa protesta que no pudo ser parada pese a las ganas de usar el arte para evadir la inconformidad de un pueblo que cuando la obra nació, ya comenzaba a padecer las diferentes violencias que aún le acechan, entre ellas, las que sufren las mujeres.

Ahora, en pleno confinamiento pandémico que ha orillado a que parques y paseos de Xalapa tengan nulo acceso o restringido, a la alcaldía de la capital del estado se le ocurrió construir una pérgola en el mirador del Parque Benito Juárez (Parque Juárez) sin considerar que otra vez, estaba tomando una decisión de manera vertical y desde arriba, olvidando que son ellos los empleados y la gente la que manda y además, que ese sitio es uno histórico con un valor arquitectónico y en el colectivo de la gente que habita esta ciudad, que así nomás porque sí, no debe ser intervenido bajo ningún pretexto ni argumento.

En años pasados, otra administración encabezada por el partido del PRI, tuvo la iniciativa de hacer una intervención en el Parque Juárez que comenzó con mover árboles legendarios de su lugar y siguió con el derribo de unos balastros que provocaron que la comunidad de arquitectos, restauradores de Xalapa y conocedores del tema, la cual es amplía y bastante reconocida, no sólo levantaran la voz, exigieran la reparación y expusieran que el Parque Juárez no únicamente es de todos, es un monumento y ejemplo de un estilo y época que deben preservarse.

La alcaldesa Elizabeth Morales entendió y a regañadientes reculó, aunque dejó un “Quetzalcóatl” que entre las promesas de campaña del ahora presidente municipal, Hipólito Rodríguez Herrero, estaba retirar pues la vocación del Parque Juárez no es la uno de diversiones para niños y niñas, como tampoco la “escultura” tiene cabida en el sitio con base en el estilo que tiene el mismo parque.

Ahora, pretextando la reparación de las instalaciones de El Ágora de la Ciudad, recinto que pertenece al Instituto Veracruzano de la Cultura (IVEC) se construye esa pérgola, que no es una reparación, sino una intervención arbitraria y… que nadie pidió. Al menos nadie del pueblo, como sí otras acciones como el arreglar baches.

A pocos metros de allí hay ya una galería peatonal casi en desuso y un corredor turístico que poco a poco va siendo invadido por autos y motocicletas, robándose nuevamente un espacio para los peatones, que ganarlo fue uno de los pocos aciertos de la administración también de Elizabeth Morales pero que ahora parece un estacionamiento de… sí, de las unidades del municipio y hasta de gobernación, y alguno que otro ciudadano común.

¿Pasará esta pérgola también a sumarse a ese desuso? Es probable porque “llenar” un espacio no es cualquier cosa y menos de arte urbano. Hay que tener gente experta al frente para mantener un proyecto así, no a funcionarios en turno.

Ya que se citó al IVEC, en esta gestión poco se ha sabido sobre la misma y al parecer los tiempos pandémicos han suspendido el plan de volverla una secretaría, plan que por cierto, tampoco parecía tomar en cuenta a quienes debieran ser los principales actores para la toma de decisiones, el pueblo de Veracruz representado en sus artistas, intelectuales, promotores y gestores culturales. Pero “esa es otra historia”, diría la Nana Goya.

Otra vez en Xalapa, cuando se despertó –parafraseando a Augusto Monterroso- la pérgola ya estaba allí, edificándose siguiendo los patrones que dicta el INAH, que sea una estructura movible o desarmable para que no dalle el monumento que es el Parque Juárez, pero que irrumpe de manera grosera al paisaje que las y los xalapeños amamos, y sobre todo inspira la pregunta ¿a quiénes beneficiará?

Datos duros deberían de ser informados ahora porque no parece que los señores del Ayuntamiento tengan ganas de parar la obra, ni la tuvieron cuando la planearon pues otra vez, sólo se les ocurrió y no lo sometieron a consenso entre quienes les pagan, la gente de este municipio, aun cuando prometieron que ellos no serían igual a administraciones pasadas.

Más allá de la intervención a todas luces inoportuna, del dinero que (nos) costará, de si beneficiará o no y si en realidad es una acción reparadora para El Ágora, el mirador es un espacio público que tiene un arraigo y apropiación entre la gente. Y las autoridades lo saben o no por nada han aprovechado que el Parque ahora esté semicerrado para llevar a cabo tal acción. Pero no les importó. No les importan las  inconformidades y críticas que en redes sociales se han manifestado y los trabajos siguen, para sumarse a la serie de ocurrencias que cada administración ha tenido y van afeando la ciudad, afectándola en derrochando recursos, alejándolos de lo prioritario para que sólo unos cuantos se regorden pero nunca con el fin de funcionar ni aportar; restaurar ni rescatar al verdadero patrimonio cultural xalapeño que se está perdiendo a pasos agigantados en medio de la indiferencia.

Como xalapeña me duele la soberbia de a quienes les dimos no sólo el voto, también la confianza; como periodista cultural no puedo dejar de señalarlo como no lo dejé de hacer mientras fui reportera en años pasados ante atropellos iguales; como gente y agente del ámbito cultural de Xalapa, es lamentable que las voces expertas nuevamente son ignoradas.

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