Expolicía intermunicipal de Poza Rica testifica sobre sistemática desaparición de cuerpos

TIHUATLÁN, VERACRUZ.- Karim “N” declaró ante un ministerio público ser de religión católica, padre de dos hijos y originario de Poza Rica. A sus 37 años se afianzó como jefe de plaza de Los Zetas. Comandó asesinatos de personas que fueron reducidas a cenizas en tambos con diésel en al menos dos ranchos del norte de Veracruz.

“Que cuando los sicarios secuestraban a gente a algunos los mataban, como también a la gente de organizaciones delictivas contrarias a la nuestra. Los cuerpos los calcinaban o los cocinaban, como nosotros le decimos”, dijo horas después de su detención.

Lo anterior obra en la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIARV/073/2011 a la cual E- Consulta Veracruz tuvo acceso. A Karim “N”, alias Karim, lo capturaron el 29 de agosto de 2011 elementos de la Secretaría de Marina. Fue en un operativo que se prolongó casi un mes y tuvo como resultado el aseguramiento de otros 79 presuntos sicarios de Los Zetas.

La nómina policiaca

En el expediente de 650 fojas, Karim describe un aparente contubernio entre Los Zetas, policías intermunicipales, ministeriales, federales de caminos y oficiales de tránsito. Todos ellos, sostuvo, integraban una “nómina”que se pagaba mes a mes. Se alimentaba con las ganancias que producía la venta de marihuana y cocaína, los secuestros y el cobro de piso a comerciantes de la piratería.

En una parte medular de la declaración, Karim abona a una tesis de la Quinta Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas: durante años, a las víctimas las exterminaron con combustibles que provee esta zona colindante de Veracruz con Puebla, Hidalgo y Tamaulipas.

Desde hace nueve años las autoridades tuvieron información de que a nuestros familiares los quemaban en tambos. Eso que nunca pudieron contener hoy hace de esta brigada la más difícil de las cinco que me han tocado”,reconoce Miguel Ángel Trujillo, quien ha buscado personas y restos humanos en 27 de 31 estados de la república mexicana.

Las autoridades nunca investigaron

Ante autoridades del federales, Karim ofreció los nombres y ubicaciones satelitales de dos ranchos que, dijo, empleaban como “cocinas”: El Palmito y Del Abuelo. Estas propiedades se distancian apenas dos kilómetros, entre los municipios de Cazones y Poza Rica.

Sobre El Palmito, el presunto jefe de plaza explicó que ellos tenían llave del candado de un portón falso en la entrada principal. El predio se encontraba a 1 kilómetro de la carretera, pasando por un retén de militares y policías intermunicipales.

Karim relató que, 10 meses antes de que lo capturaran, fue testigo de como “sicarios” a su cargo privaron de la libertad a dos personas supuestamente vinculados a un grupo de la delincuencia organizada.

“En una ocasión los de mi organización atraparon a dos sujetos de la familia michoacana. Esto como hace 10 meses. Vi cuando los llevaban en una camioneta Captiva blanca y otra camioneta Ford Lobo 4×4, color arena, en la que llevaban dos tambos metálicos de capacidad de 200 litros, donde cocinaban a la gente”.

Karim mencionó haber visto cómo los dos vehículos se introdujeron al rancho El Palmito. Tras cuatro horas al interior de la propiedad, las camionetas salieron, pero ya sin rastros de las dos víctimas.

Patrón de exterminio

“Que cuando secuestraban a gente los sicarios, algunos los mataban, como también a la gente de las organizaciones delictivas contrarias a la nuestra, los cuerpos los calcinaban o los cocinaban como nosotros le decimos. Desconozco que les hacían a los cuerpos de los sujetos que mataban y cocinaban”, agregó Karim.

Sobre el segundo rancho, reconoció una serie de fotografías de lo que señaló, era la entrada “al punto de la cocina”. ”Reconozco ese rancho como punto de referencia hacia la entrada al punto de la cocina. También se encuentra a un costado de la carretera Cazones. Cocinaban gente en la salida al cerro”, declaró.

Los ranchos Del Abuelo y Palmito, dijo Miguel Ángel Trujillo, son dos puntos de al menos 12 que la Brigada tiene como meta investigar. Habitantes de la región, de manera anónima, proporcionaron su ubicación mediante mensajes por celular y papeles que llevaron hasta un campamento, en la casa de la Iglesia de Papantla.

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